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Vírgen de la Victoria
EVOLUCION HISTORICA.


En conmemoración de la toma de Granada, los Reyes Católicos ordenaron que se reconstruyera la Puerta del Triunfo de Trujillo y se pusiera sobre el muro exterior del arco su escudo de armas. En la hornacina existía una imagen de la Virgen, que las tropas que reconquistaron la villa en 1232, habían situado en este bello pórtico de poniente.
A este lugar, después de la misa mayor, que se celebraba en la cercana iglesia parroquial el día de Nucstra Señora de Agosto, y en la conmemoración de la toma de Trujillo, en el día de la festividad de San Pablo, el Concejo y el Clero se trasladaba en solemne procesión al Arco del Triunfo, donde se cantaba una Salve con su antífona y oración. Por la tarde se celebraban los festejos populares de cañas y toros, en la plazuela de Santa María, y posteriormente, se trasladaron a la actual Plaza Mayor.
El primer testimonio documental que recogemos de estos festejos taurinos lo encontramos en el acta de la sesión celebrada por eI Ayuntamiento, el día 5 de agosto de 1499, en dicho año los ciudadanos piden que manden dar los toros para el día de Santa María. EI Concejo toma el acuerdo de no aceptar esta propuesta. Pero, el hecho de encontrarnos con datos sobre festejos populares en estas fechas finales del Medioevo, no quiere decir que no hubieran existido anteriormente pues la tradición y la historia atestiguan que las que las fiestas religiosas de la Virgen de la Victoria y las corridas de toros están íntimamcnte ligadas a través de los siglos.
Las fiestas más extraordinarias fueron las celebradas en 1519 con motivo de haber sido elegido Carlos I, el 28 de junio de dicho año, Emperador de Alemania.
En 1531, se construye la capilla del Castillo y en ella se coloca la nueva imagen de la Virgen. Ya se hace referencias en los documentos municipales a celebrar la fiesta de Santa María de la Victoria. Los cultos consistieron en vísperas solemnes, misa diaconada con Sermón en la parroquia de Santa María la Mayor, procesión a la ermita del Castillo con el Concejo, llevando el pendón y una imagen de la Virgen. Esta procesión se celebraba por la tarde a causa del calor, motivo por el que los juegos de cañas se celebraban otro día.
En l569 el Papa Pío V, prohibe las corridas de toros por su Constitución de “SALUTE”. Los trujillanos hacen caso omiso y continuaron con sus fiestas tradicionales, pero la autoridad episcopal, residente en Plasencia, conminó a sus fieles de Trujillo por correr toros el día de su Patrona. Muerto en 1572 el Papa Pío V, la Constitución de “SALUTE” fue revocada para España, por Clemente VIII, y es entonces cuando el Ayuntamiento hace el famoso “Voto para correr toros en fiestas”: 21 de Noviembre de 1575 -Uoto para correr toros-. “En este Ayuntamiento se dió noticia como Su Santidad ha revocado el propio motu de los toros y dádole de nuevo para que se puedan correr, acordose que, venido el dicho escrito, se cumpla y guarde como Su Santidad lo manda. Primeramente se acuerda y vota que en las fiestas del Corpus Christi se corran cuatro toros. Así mesmo se fizo voto de correr otros cuatro toros el día de San Juan Baubista, y así mesmo se fizo voto de correr otros cuatro toros el día del Señor Santiago, y porque el día de Nuestra Señora de Agosto es la fiesta de la Cibdad se acordó y votó que se corran seis toros, así mesmo se ofreció y votó que se corran tres toros el día de la fiesta de la Natividad, y porque el día del Apóstol San Andrés esta Cibdad nombra todos sus oficios y de mucho tiempo atrás a acostumbrado a facer grandes fiestas, se acordó y fizo voto que en la tarde se corran tres toros”.
Los festejos religiosos y populares en honor a la Patrona se siguieron celebrando a lo largo de los años, excepto en la década de 1860 a 1870, que no se llegaron a celebrar. En el año 1870 el párroco de San Martín don Francisco Reglado y el sacristán de la misma parroquia don José Iglesias, decidieron reanudar la fiesta anual de la Stma. Virgen de la Victoria, por su exclusiva cuenta y de su propio peculio, unas fiestas patronales que desde hacía diez años no se celebraban.
Consistió tal celebración en una novena y una conmemoración el día de todos los Santos de cada año. Como la iglesia de San Martín carecía de imagen de la Virgen de la Victoria, durante unos siete años prestó don Julia Ríos, una efigie que tenía en su casa, hasta que don Pedro Trancón, párroco de la iglesia de Santiago, adquirió una para el culto, por suscripción popular.
La festividad de Ntra. Sra. de la Victoria, Patrona de Trujillo, tenía lugar por estos años en la iglesia de San Martín, y era celebrada con modestidad. Pero, en el mes de octubre del año 1881, siendo Alcalde don Miguel Núñez Castilla, las fiestas adquirieron un nuevo impulso. El Himno “Salve” fue cantado por primera vez ante un curioso cuadro de Ntra. Sra. en su castillo que fue pintado por el artista local D. Antonio Picazo y fue colocado en una de las puertas de los portales de la carne (ahora es la puerta del centro de la Plaza de Mercado). El autor de la música del Himno fue el sacristán de la iglesia de San Martín D. José Iglesias, y el autor de la letra el maestro de escuela D. Joaquín Cuadrado.
El festejo popular consistió en correr un toro de cuerda por las calles de nuestra ciudad (el correr al toro enmaromado se mantuvo hasta el año 1892). Desde entonces, se comenzó a celebrar el último domingo de Octubre con gran pompa. Gracias a la colaboración de los anteriormente citados y del entonces Alcalde D. Miguel Núñez. A esto, también contribuyeron eficazmente las señoras Dña. Julia y Dña. Jacinta de Vargas, Dña. Escolástica Blanco, Dña. Margarita Arteaga y Dña. María Moreno de Guadiana. En la víspera se celebró una verbena, en la que no faltaron las variadas iluminaciones de vistosos farolillos, que contrastaban con las anticuadas candilejas y las hogueras que ardían en los extremos de la Plaza Mayor; las alegres dianas; la procesión cívico-religiosa; la culta palabra del orador de turno que desde el púlpito nos exhortaba las grandezas de nuestros antepasados y los milagros de la Virgen; las divertidas cucañas y el toro de cuerda, y otras muchas celebraciones y festejos que se han perdido para dar paso a otros. Pero siempre, y ante todo, el respeto a la tradición.
Vamos a exponer explícitamente la “Crónica de la función cívico-religiosa celebrada en Trujillo con motivo de las fiestas en honor a la Patrona el día 30 de octubre de 1881″.
El día 29 a las seis de la tarde apareció en la fachada de las Casas Consistoriales, sitas en la Plaza Mayor, un castillo neogótico de grandes dimensiones formado con bastidores de lienzo y ostentándose entre sus torres almenadas la imagen de Nuestra Patrona, sobre un trono de nubes, pintado con perfecta propiedad por Antonio Picazo y profusamente iluminado por multitud de faroles y otros aparatos que producían un agradable efecto. La torre del reloj de la iglesia de San Martin lucía en su parte alta un alumbrado que aunque sencillo presentaba un buen golpe de vista por su gran elevación. Cuatro grandes fogatas iluminaban también la Plaza y todos los balcones de las casas tenían iluminaciones; el Círculo de Fomento de las Artes tenía en su fachada dos preciosos transparentes que representaban la ciencia y el arte.
De la Iglesia de San Martin partíó el Rosario con gran solemnidad acompañado por el Cabildo y la Orquesta de esta Ciudad que cantaron una Salve al pie del castillo donde era venerada la Patrona.
A las siete apareció una luz de bengala en lo más alto de la torre de San Martin, y acto seguido los acordes de la Orquesta que amenizaron la noche, invitaron a baile popular en medio de los fuegos de bengala y cohetes que aparecían con profusión y que duraron hasta la madrugada. Nada hubo que peturbase el regocijo del pueblo, y trujillanos recordarán con alegría esta velada. EI día 30 a las ocho y media de la mañana, puntuales a la invitación de su ilustre Ayuntamiento acudieron al salón de sesiones todos los gremios de la Ciudad juntamente con la Corporación, la Guardia Civil, los Empleados de Rentas y Telégrafos, etc. A las nueve en punto y con la Orquesta a la cabeza salía el Ayuntamiento al frente de sus maceros, que lucían vistosas dalmáticas, y los escudos con las armas de la Ciudad bordados en oro y seda, precedidos de las demás autoridades y gremios de la ciudad, luciendo la mayor parte de éstos lujosos estandartes, con las armas de Trujillo, la imagen de la Virgen en el centro, y depositados a sus pies los atributos de cada gremio.
La comitiva dio la vuelta a la Plaza y entró en la parroquia de San Martin.Colocadas las banderas en las capillas laterales, donde hacían un gran efecto por sus variados colores, sus ricas telas y el lujo que ostentaban, apareció el presbítero D. Agustín Solís Fernández, precedido de sus ministros, D. Juan Secos y D. Francisco Bermejo, quienes dieron principio a la función religiosa, permaneciendo los fieles por espacio de dos horas en el sagrado templo, con la mayor compostura. El orador D. Francisco Navarro, Arcipreste de esta Ciudad, describió a grandes rasgos las glorias de la Virgen, lo importante del acto, lo que podría esperarse de años ulteriores dado el entusiasmo de la población y la satisfacción que experimentaba al ver que un pueblo de la entidad del nuestro, posponía sus luchas locales y políticas, en esos años cruciales para España, para depositar su fe en la Patrona.
Concluida la festividad regresó la procesión a las Casas Consistoriales en el mism orden, escuchando himnos nacionales que la Orquesta interpretaba primorosamente, y ya en el salón de sesiones se sirvió un refresco a todos los asistentes. Se pronunciaron diferentes brindis y allí el secretario D. Eugenio Sáez repartió anuncios dando conocimiento al público en general del restablecimiento de la antigua feria de San Andrés, para toda clase de ganados. Concluido el refresco, esperaba en la Plaza otra sorpresa, una cucaña perfectamente combinada y acordarda por la Comisión de festejos prestaba solaz a los jóvenes que obtuvieron cuatro buenos premios en metálico. También se distribuyeron mil ejemplares, costeados por la misma Comisión de los versos escritos por D. Joaquín Cuadrado y Retamosa, profesor de una de las escuelas públicas de esta Ciudad, que expresaban perfectamente el objeto y motivo de festividad. También los pobres de la Ciudad y los presos de la cárcel, por motivos políticos, parciparon del regocijo popular, pues se les sirvió una extraordinaria comida.
Por la tarde se corrió un toro de cuerda, y por la noche el Círculo de Fomento de las Artes obsequió con un animadísimo baile. Por entonces, el sacerdote trujillano don Francisco Reglado escribió la famosa novena a la Stma. Virgen de la Victoria.
El 20 de octubre de 1890, varios de los representantes del gobierno de la ciudad se dirigieron a la iglesia de San Martín, para asistir a la función religiosa que se había dispuesto en honor de Ntra. Sra. de la Victoria en acción de gracias por haberse librado esta ciudad de la epidemia colérica, oficiando la ceremonia el Cura Rector don José Díaz Pulido y el sermón estuvo a cargo del Pbro. don Ramón Cancho, que con su elocuencia acostumbrada, cautivó la atención del numeroso auditorio, dando las gracias a la Excelsa Patrona por su intercesión. La ceremonia fue dirigida por el nuevo organista don Manuel García, el cual tocó en los intermedios de los salmos preciosas sinfonías religiosas.
Con la novedad introducida por primera vez en las Fiestas de la Virgen de la Victoria del año 1906 de constituir uno de los números de los festejos la quema de una colección de fuegos artificiales confeccionados por el pirotécnico de Torrijo don Fermín Martín, comenzaron así las diversiones en la noche de la víspera, dando un paso más hacia la cultura y buen gusto que en todos los actos públicos deben mostrar poblaciones de la categoría que distingue a la nuestra. Este festejo tan recreativo, luminoso y ruidoso, ya no volverá a faltar a lo largo de los años en las solemnes fiestas a la Patrona. Atrás quedaban las formidables hogueras que se encendían en la Plaza, los toros enmaromados, etc.
En el centro cívico trujillano se reunió un número considerable de personas, tanto del casco de la ciudad como de todos sus arrabales. Al día siguiente, todos los periódicos coincidían que en ninguna otra época del año, ni con ningún motivo ni festejo, tanto religioso como profano, se había reunido un público tan numeroso y variado como el que en la noche anterior se vio. La atracción constaba de doce números todos los cuales resultaron muy vistosos y de muy buen efecto, especialmente el último que consistió en un cuadro formado por tres hileras de luces multicolores y en cuyo centro aparecía la Virgen de la Victoria.
Al festejo profano siguió el religioso, el Rosario que tanto gusta a este cristiano vecindario, desde la iglesia de San Martín y dando la vuelta a la Plaza. Y al día siguiente, la fiesta mayor en la citada parroquia a la que concurrió la Corporación Municipal. A su terminación, comenzaron a funcionar las dos cucañas que habían sido colocadas en la Plaza. Al anochecido, y después del canto de las completas y el rezo del Rosario, salió la procesión por la Plaza con la imagen de Ntra. Sra. colocada en sus artísticas andas. Por la noche, los bailes en La Novedad y en el Casino.
Con motivo de la celebración anual de las Fiestas Patronales, en el año 1908, se inauguró el salón de sesiones del Ayuntamiento que había sido restaurado con gran perfección y maestría, colocando en el techo, por encima del estrado, un medallón con el busto de Julio César, al que señala la historia como fundador de esta ciudad; y en la pared del lado izquierdo otros dos con los bustos de Francisco Pizarro y Diego García de Paredes, como los dos más preclaros hijos de Trujillo.
En el año 1912, se restaura la capilla de la Virgen de la Victoria en el castillo, obra costeada por el Excmo. Sr. D. Jacinto Orellana y Avecia, Marqués de Albayda, y se la quita el dorado y policromado a la imagen granítica de la Patrona. El estudio y dirección las obras de la nueva capilla o camarín corrió a cargo del arquitecto municipal D. José López Munera. Este propuso la ampliación del camarín mediante una bóveda de rosca, sirviéndola de arranques y estribos los muros salientes, cerrando toda esta ampliación con encristalada armadura de hierro en rebajado arco gótico o almendrado. Como complemento y para mejor acceso a la capilla, dado lo difícil que era la subida por la escalera de caracol se construyó una ancha escalera de poca rampa, con balaustrada de hierro.
Concluidos los festejos organizados en honor de la Stma. Virgen de la Victoria con motivo de la inauguración y bendición de la nueva capilla en el castillo, los invitados al mismo entre los que se encontraban el Excmo. Sr. Marqués de Albayda; el notable orador D. José Polo Benito, Canónigo de la Catedral de Plasencia; el joven organista D. Sebastián Díaz Quiles y su padre D. Antonio Díaz , así como la comitiva municipal, entre otros, recibieron un espléndido lunch en la acreditada fonda La Española. En este día de júbilo general y, a expensas del Excmo. Sr. Marqués de Albayda, los enfermos del Hospital, los ancianos del Asilo y los reclusos de la Cárcel recibieron comida extraordinaria. Este bienhechor orientó las rentas del Patronato de los Pizarros para la buena marcha del Hospital de esta ciudad. No olvidemos que este Patronato había sido instituido por sus fundadores con el objeto de que las rentas del mismo habían de ser destinadas por iguales partes a la construcción y sostenimiento de una Colegiata en Trujillo y a proveer a las necesidades de los pobres de esta localidad.
Y volviendo a las fiestas patronales no podía faltar la novillada, a las tres de la tarde, con toros de la acreditada ganadería de nuestra convecina la Sra. Condesa viuda de Trespalacios, los que estoqueó D. Manuel García, con su correspondiente cuadrilla. Y, por la noche, en el Casino y salones públicos se celebraron bailes hasta las horas de costumbre.
En 1920, D. Antonio Orozco Campomanes da un gran impulso a las fiestas patronales. Podemos ofrecer una relación de los actos realizados: “Hubo un novenario solemnísimo, el primero de que se tiene noticia de que haya sido predicado, fueron los oradores los sacerdotes de la población, se engalanó la plaza con guirnaldas los balcones de la ciudad con colgaduras y vistosísima iluminaci6n. Se celebró una velada literario musical, en que tomó parte la banda del Regimiento de Segovia, hubo fuegos de arfificio, globos, cucañas etc. Y fue la primera vez que la procesi6n recorrió las calles desde aquella otra histórica que celebraran nuestros antepasados a la Capilla del Castillo. Se distribuyeron limosnas a los pobres y casas de Beneficencia. Y desde hace dos años un grupo de jóvenes por iniciativa propia suben la noche de la víspera a cantar ante la imagen del Castillo, la Salve que se oye en casi toda la ciudad”
En los años que preceden a la Coronación Canónica de la Virgen de la Victoria, las fiestas celebradas en su honor en el mes de octubre, no presentaban demasiadas variaciones de un año a otro.
La imagen que salía en procesión de la parroquia de San Martín era la Virgen de la Victoria que en 1903 regalara a la parroquia, junto con el retablo mayor, doña Juana Durán Rey, natural de Madroñera, en cumplimiento del testamento de su difunto esposo don Manuel Pablos Miguel. Esta es la efigie a la que se refiere “Goro” en su poesía cuando nos dice “que la imagen de colores tan vivos que está en la iglesia de San Martín no es la Virgen que quiere el pueblo sino la que está en el castillo, que es la que Trujillo venera como verdadera Patrona”.
Las fiestas patronales contaban con un denominador común la Banda Municipal de Música, dirigida por el maestro D. Sebastián Flores, que no solo llevó a cabo una magnífica labor sustituyendo al maestro Maillo, sino que organizó a la perfección el archivo musical. Precisamente, en las fiestas patronales del año 1944 se celebraron las primeras capeas tras la guerra civil española, con ganado de don Valeriano Jiménez Piriz y don Luis Millán, amenizando la fiesta nacional nuestra Banda de Música.
En años anteriores al 1952, la “Salve” se encomiaba de distinto modo y siguió celebrándose así hasta el año 1960 en que se presenta la imagen en el atrio de San Martín, cara al pueblo. Anteriormente, terminada la novena de la víspera (es decir, el sábado por la noche), se formaba una procesión que salía por la puerta oeste de San Martín y transcurría hasta colocarse el clero y las autoridades entre las calles Tiendas y Carnicerías. El pueblo tomaba posiciones en la plaza y subidos en los palcos y tablados que estaban preparados para la celebración de las capeas. Y todos mirando al Castillo, a la ermita de la Virgen, cantaban la Salve. Una vez terminado el Himno, la procesión volvía a la iglesia de San Martín.
En las fíestas de 1952, las inmediatamente anteriores a la Coronación, no fue así. En dicho año, además de la novena diaria en San Martín, las fiestas comenzaron el sábado 18 de octubre a las siete y media de la mañana con diana interpretada en todas las calles de Trujillo por la Banda Municipal. A las doce de la mañana tenían pensado salir los gigantes y cabezudos, con disparos de cohetes, pero con motivo de la lluvia, tuvieron que posponerlo para las cuatro de la tarde.
A la terminación de la novena, por la tarde, la Plaza estaba llena esperando la llegada de la imagen procedente de la iglesia de Santiago. Una vez colocada en el atrio y de cara al numeroso público que presenciaba el acto, se cantó el Himno “Salve” ante la imagen de la Patrona. A su terminación, la comitiva empredió el regreso a la iglesia de Santiago. Al día siguiente, a las diez y cuarto de la mañana, partieron del Ayuntamiento las autoridades en Cuerpo de Ciudad, precedidas por los heraldos, pendones, estandartes y soldados a la usanza del siglo XV. La procesión civil se dirigió a la parroquia de San Martín, donde tuvo lugar la Misa solemne en honor a la Patrona. Por la tarde, hubo cucañas, elevación de globos y disparos de morteros en la Plaza Mayor. A las ocho dio comienzo un baile amenizado por la Banda Municipal. En los tres días siguientes se celebraron capeas, el ganado fue cedido por los ganaderos locales, como era costumbre.
El 18 de octubre de 1953, el Nuncio de S.S. en España, el Eminentísimo Cardenal Cicognani colocó sobre las sienes de nuestra Patrona la corona labrada por D. Félix Granda en Madrid, realizada con el dinero y las joyas de todo un pueblo. Las celebraciones y festividades realizadas con motivo de la Coronación serán expuestas en otro capítulo.
En aquel inolvidable octubre del año 1966, en las fiestas a la Virgen de la Victoria, muchos trujillanos no podrán olvidar la interpretación en la noche del día 14 del citado mes de un Auto Sacramental en la Plaza con actores de la localidad al estilo de los antiguos, que fue repetido en la noche del domingo siguiente. La fiesta patronal se vestía de gala. En el Teatro “Gabriel y Galán”, en la década de los sesenta, tenía lugar la proclamación de la Reina de las fiestas y Damas de Honor, acompañada la fiesta de gala por un pregón y una velada lírico-folklórica.
Desde el año 1970 las Fiestas Patronales comienzan a celebrarse en el mes de septiembre, adquiriendo un gran relieve entre los festejos populares los ya tradicionales Festivales de España, celebrados en el marco berroqueño del castillo. En la actualidad se celebran con toda solemnidad la última semana de agosto y primera quincena de septiembre.
Autor:J.A. Ramos Rubio

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